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#SIENDOFRANCOS

20 - Agosto - 2015
Felipe Morales Twitter: @elfrancodelfut Era la una de la tarde. Había sonado la campana. Éramos libres. Iba en primero de secundaria.   Necaxa jugaba ese día la Final de Copa de la 94-95 contra el Veracruz, en el Estadio Cuauhtémoc.   Mis papás siempre pasaban por mí a la escuela. Pero ese día no. Aquella tarde me fui a casa en camión con la ilusión de un niño que quería ver a su equipo.   Hasta que me asaltaron.   Tenía un reloj de calculadora, que se usaba en los 90, como también se usaba irle a los Rayos por aquel futbol gourmet que se paladeaba en cada campo. Con mi mochila y mi playera rojiblanca fui abordado amablemente por dos jóvenes que me pedían un peso para 'completar su pasaje'…   Luego sacaron una navaja pequeña y me pidieron mi relojito.   Hoy esa arma blanca me hubiera dado risa.   Pero yo tenía prisa.   Como comprenderán -les dije en mi mente-, pueden llevarse lo que quieran. Solo me importa llegar a casa a ver al Necaxa. 'No estén fastidiando ahorita', habría lanzado con el pecho inflamado. Luego salieron corriendo, entre risitas alimentadas de impunidad.   Era la 1:45. Fue la última hora que vi. ¡El partido empezaba en 15 minutos!   Y entonces, con una Pamplonada interna, corrí desesperadamente, tomé el camión, me senté ansioso, una y otra vez preguntaba la hora a los pasajeros que me veían con cara de extrañeza.   Yo iba por la vida aquel martes con la muñeca desnuda, pero el alma vestida.   En un día normal, cualquiera que éste fuera, habría llegado a casa con mis papás con un grito desaforado que alarmara a toda la cuadra: “¡Fui asaltado!”, “¡Se llevaron mi reloj!”.   Pero no.   Aquella tarde sólo aventé la mochila en la entrada.   Se le salieron los libros, mientras yo corría y me derrapaba por los pasillos para después encender la televisión y sólo preguntar: “¡¿Ya empezó el partido?!” ¿Cuánto van?”.   Necaxa ganó aquel juego 2-0 y se coronó Campeón, con dos goles de Ricardo Peláez.   Uno de ellos fue de 'taquito', a pase del 'Ratón' Zárate.   Peláez llevaba las manos en todo lo alto sosteniendo la victoria, enseñándosela por los cielos a la tribuna. Yo imaginaba que en aquella mano, él también llevaba mi reloj recuperado, bien apretado en un puño, en un acto de redención, desde su condición de héroe rojiblanco.   Aquel 15 de marzo de 1995 no sólo me robaron el reloj.   Necaxa también se robó mi aliento.   Necaxa era Campeón de Copa. Y eso no se resta ni con aquel reloj de calculadora.   No porque vivas momentos malos, significa que tu vida sea mala.

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