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COLUMNA EL FRANCO DEL FUT

01 - Marzo - 2017
calendrio
Felipe Morales
@elfrancodelfut
La relación entre mi papá y yo tiene mucho de rojo y blanco.
Todo de Necaxa.
Siempre nos sucede.
Y nos volvió a pasar...
Papá no estaba cuando el Necaxa ascendió hace menos de un año, pero lo festejó como un niño en Tampa.
Yo fui a un concierto, más por obligación que por gusto, en el primer campeonato, pero tenía todo reservado en mi butaca personal a kilómetros de distancia para no perderme el ascenso.
Ascender es como oler el perfume de una rosa marchita que aún respira.
Y respiró.
Pasó.
Necaxa ascendió y papá regresó de Florida.
Recién el domingo fuimos a ver un partido de los Rayos otra vez juntos. Fue contra Santos, en La Comarca, como en el Invierno 96.
Esta vez sin robos ni miopías arbitrales ni un tricampeonato arrebatado. Ni un Brizio con silbato con sonidos injustos ni atropellos en forma de cabezazos, en fuera de lugar, de un avispado Borgetti.
Solo papá, su cerveza, unas patatas bravas y mi vaso de agua, enfrente de una pantalla gigante, nos confirmaron como hilos invisibles inquebrantables, porque a los reencuentros les gustan los escenarios teatrales...
Yo había pedido ese vaso de agua, porque mi fin de semana, pongamos por caso, fue tan festivo como la década de los 90 fue para los Rayos.
Y hoy ya es martes.
Y cae la tarde y a papá y a mí nos acompaña un café que lleva dos de azúcar un terroncito de recuerdos.
En las sillas del antecomedor, al lado de la cocina, nos sentimos en la zona Preferente del Estadio Azteca.
Otra vez fue 4 de junio de 1995 cuando repasamos unos videos en Facebook, con los goles de Alex Aguinaga e Ivo Basay, que hoy se ven en HD en un teléfono, pero que hace 22 años también fueron de alta definición dónde importa: en el campo.
Un video lleva con la misma rapidez que una miga atrae a una paloma.
Papá se levanta rápido; le pongo pausa a la videoteca de bolsillo. "¡Mira lo que me encontré!", dice francamente emocionado, mientras baja de prisa las escaleras.
¡Es el calendario de aquella bíblica temporada 94-95!
Tiene mis primeras firmas al reverso.
Y un dibujo de Bart Simpson.
Y los resultados de cada partido de todos los equipos de aquel torneo del América de Biyik y Kalusha, del Cruz Azul, de Hermosillo y Zamora y del Necaxa, que en el disquete del futbol archivó el futbol de todos los tiempos.
Papá lo empezó a leer en voz alta. "Necaxa 7-0 Atlante, Necaxa 6-0 al
Monterrey, Necaxa 4-4 con América".
-El tiempo no lo supo pero sonrío-
A mis 13 años llené cada uno de los casilleros con la religiosa puntualidad del domingo por la tarde...
Recuerdo que lo hacía mientras veía los resúmenes en "Acción", después de alguna comida con chongos zamoranos de postre en casa de la abuela.
Tirado, enfrente de la tele, con la pluma de punto fino en la mano, al lado de la mesita donde descansaba una lámpara de luz baja, que le alumbraba las manos a los tejidos que serían sueters para algún bisnieto, todo se reducía a eso. A escribir los resultados de la jornada.
A inmortalizarlos.
A recordarlos.
A vivirlos otra vez, a través del congelamiento de las manecillas, con la claridad de las aguas del Caribe.
El librito aquel, que no supo escapar del tiempo, y tiene las hojitas amarillas.
Papá tiene más canas. Yo más kilos.
Otra vez, con una taza de café, compramos boletos para los partidos del pasado.
Para los del Necaxa, que no son otra cosa, que la reafirmación de que la nostalgia viste de rojo y blanco...

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